Me enganché con la fotografía en los '80: mis primeros estudios y luego dedicación profesional fue la Geología. Tener una cámara en la carrera era imprescindible, así que compré una Olympus OM1 de segunda mano con un Zuiko 50 mm 1.4. En los veranos realicé talleres de fotografía en los que tuve a mi alcance material y un laboratorio para blanco y negro. Incrementé el equipo, trabé amistad con un profesional que me puso en la mano una Zenza Bronica, una Mamiya, me enseñó a desenvolverme en bodas y me prestó material. Me asomé al mirador espectacular del gran formato con una Sinar P2. Me preocupaba mucho la técnica, hacía pinitos en estudio, y me entusiasmé descubriendo fotógrafos que pronto se convirtieron en mis ídolos. No tardé mucho en darme cuenta de que había demasiados grandes fotógrafos! Lo habían inventado todo, lo habían probado todo.

Vinieron unos cuantos años sin fotografiar: paso de geólogo a informático, carrera investigadora y docente, hijos pequeños con quienes resultaba inútil e improductivo arrastrar un equipo de SLR, tres cristales, flashes, filtros... Irrupción de la fotografía digital, desorientación general. ¿Cómo podía uno decidirse por renovar el equipo?

Pasada la cincuentena, tras muchos años sin más hobby que nadar para mantenerme en pie, decidí comprar una DSLR de segunda mano para mejorar las horribles fotos de familia, jurando no engancharme de nuevo. No quería hacer fotos; no quería participar en concursos -mi trabajo es un concurso perpetuo. Estaba harto del Diluvio Universal de las Imágenes; había llegado la Post-Fotografía. Pero inevitablemente acabé pillado de nuevo (puede resultarte interesante leer mi declaración sobre la Post-Fotografía si no la has leído aún).

Para mí la fotografía es primero momento y narrativa, luego composición, finalmente técnica. Pero el momento es un privilegio, requiere tiempo, intuición y paciencia, de modo que normalmente y salvo en retratos, acabo obsesivamente atrapado en la composición y en la técnica. Disfruto disparando, revelando y compartiendo imágenes, haciendo retratos a los amigos. Fotografío para que alguien disfrute de las fotografías colgadas en una pared. De lo contrario usaría el móvil. Por otra parte, tener un buen equipo y algo de experiencia y no darle utilidad social me pone nervioso, por lo que según me permite mi tiempo cubro eventos de organizaciones sociales y deportivas con las que colaboro, e incluso realizo algún que otro encargo profesional de cuando en cuando. Junto a la fotografía deportiva, considero que la fotografía de eventos es de lo más duro que hay. Para mí es siempre un reto técnico, y en ocasiones físico y psicológico. Pero raramente puedo decir que no cuando me lo ofrecen.

Mi familia y mi trabajo son un privilegio y un placer, y huelga decir que ambos suponen un fuerte compromiso. Eso me hace sentir a menudo que cada minuto que dedico a la fotografía es un minuto que robo a mi familia, a mis estudiantes, a la investigación, aunque necesito un respiro como todo el mundo. Sin embargo Sólo en nuestras horas libres parece que tenemos cierta oportunidad de elegir (Erich Fromm - Tener o Ser) y a veces esa elección es terriblemente difícil.